Por donde empezar no lo sé, capaz diciendo que lo extraño pero no, no debo.
Es increíble como una persona te puede cambiar tanto en tan poco, de pasar a no pensar absolutamente en nada a estar las 24 horas del día maquinando y pensando que mierda hacer.
Qué complicado que se me hace aclarar mis sentimientos. Antes era tan decidida, juro que me encantaba ser así ser así, no me importaba nada ni nadie; hasta que alguien se cruzó en mi camino y me hizo sentir todo tan distinto, me demostró que era el verdadero cariño, me hizo enamorarme completamente, de e a e. ¿Por qué a mi?, maldigo haber sentido eso porque sea como sea siempre alguna de las dos personas termina lastimado, y bueno en ese momento fui yo; creo que ahí fue cuando me resigné a tener ese sentimiento tan lindo pero que tanto mal hace a la vez, a veces hasta me da miedo pronunciar esa palabra de cuatro letras. Desde ese día juré no sentir más nada por nadie, ser de piedra, aguantar todo, pero no sufrir.
Y ahora gracias a eso estoy como estoy, no se lo que siento ni lo que quiero sentir, lo único que se me pasa por la cabeza es que no quiero lastimarlo, no quiero que sufra lo que yo sufrí, no quiero decepcionarlo y no ser esa persona que espera que sea; no me siento digna de él, es horrible, me siento la peor persona del mundo, mis histeriqueos constantes que lo único que logran es confundirlo más y más.
Y si simplemente lo dejo ir y que sea feliz con otra? Pensarlo solamente ya hace que me den ganas de llorar, pero se que es lo que tengo que hacer por más que me haga mal, se que yo no le voy a dar lo que él quiere, lo que espera. Me duele en el alma todo lo que le hice, no se como afrontar todo esto, sentarme, tenerlo frente mio y decirle: no quiero que estemos juntos, quiero dejarte ir y que seas feliz con otra persona. Se feliz, porque verdaderamente te lo mereces.
sábado, 23 de noviembre de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
¿Te acordás cuando empezaste patín? Todo era muy divertido: en una competencia era estrenar una malla nueva y brillos en la cabeza, todos recibían medallas y solo sabias que irías a competir. Querías hacer patín durante todo el día. Estabas desesperada por tener una competencia y el lunes por la mañana, parecía que todas las niñas llevaban las medallas a la escuela para mostrárselas al profesor.
Vos veías a las chicas mas grandes entrenando y pensabas “quiero ser como ellas”… Pero entonces, las cosas empezaron a endurecerse y cuando caíste te dolió y no importo lo duro que trataste, simplemente no podías hacer ese ejercicio. Las competencias se volvieron en algo mas serio y solo pocas chicas recibían medallas; y las que eran tus mejores amigas empezaron a desaparecer, tu equipo se hizo cada ves más pequeño.
Algunos días solo lo odiaste, pero el dolor solo empeoro. Las conversaciones en la escuela los lunes eran sobre fiestas y chicos y vos ya no podías participar de ellas. Y luego, en el entrenamiento, en la esquina ves a una niña pequeña observándote y te das cuenta de lo lejos que llegaste y de lo buena que en realidad sos, porque hace unos años, esa niña en realidad eras VOS.
Nunca olvides tus comienzos, recuerda cada gota de esfuerzo que derramaste y cuando pienses que no puedes mas recuerda cuando decías eso del salto de vals, haz a un lado tus dolores, olvida las tristezas, y disfruta, mas bien SIENTE CON EL ALMA EL DEPORTE QUE ELEGISTE..EL DEPORTE QUE SIN EL, NO VIVES.
Vos veías a las chicas mas grandes entrenando y pensabas “quiero ser como ellas”… Pero entonces, las cosas empezaron a endurecerse y cuando caíste te dolió y no importo lo duro que trataste, simplemente no podías hacer ese ejercicio. Las competencias se volvieron en algo mas serio y solo pocas chicas recibían medallas; y las que eran tus mejores amigas empezaron a desaparecer, tu equipo se hizo cada ves más pequeño.
Algunos días solo lo odiaste, pero el dolor solo empeoro. Las conversaciones en la escuela los lunes eran sobre fiestas y chicos y vos ya no podías participar de ellas. Y luego, en el entrenamiento, en la esquina ves a una niña pequeña observándote y te das cuenta de lo lejos que llegaste y de lo buena que en realidad sos, porque hace unos años, esa niña en realidad eras VOS.
Nunca olvides tus comienzos, recuerda cada gota de esfuerzo que derramaste y cuando pienses que no puedes mas recuerda cuando decías eso del salto de vals, haz a un lado tus dolores, olvida las tristezas, y disfruta, mas bien SIENTE CON EL ALMA EL DEPORTE QUE ELEGISTE..EL DEPORTE QUE SIN EL, NO VIVES.
lunes, 13 de mayo de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
miércoles, 23 de enero de 2013
Nos despertamos, miramos al otro lado de la cama y no hay nadie. Estamos completamente tapados. Eso es extraño: la otra persona tenía la espantosa costumbre de volverse un capullo con la sábana y el acolchado. Esperamos unos minutos a que salga del baño donde suponemos está cepillándose los dientes. Como está tardando demasiado vamos a ver si está todo bien y no encontramos a nadie. Suponemos que se tuvo que ir a trabajar temprano porque hubo algún problema en la oficina y no quiso despertarnos, pero su juego de llaves está colgado de la puerta y recién ahí lo recordamos: ya no hay nadie.
El problema real no es que no haya nadie, el problema es esa sensación de abandono que nos inunda y trata de convencernos de que nunca más va a volver a haber alguien. Asesinaron todo aquello que nosotros conocíamos por rutina, nos arrebataron la cotidianeidad. De un día para el otro tenemos que aceptar que nunca más vamos a volver a putear por la hora que tarda en arreglarse ni a sentir el olor a manzana que dejaba impregnado en nuestra almohada por ese shampoo berreta que usaba. Somos víctimas de la inseguridad emocional. Y alguien tiene que pagar.
Para los discapacitados emocionales, el duelo por la muerte de aquel “nosotros” que alguna vez conformamos con otra persona se basa en dos etapas: la ira y un tocazo de ira. Es inútil intentar sacar de nuestras bocas la frase “espero que seas muy feliz”. Solamente esperamos que se mude a un país muy lejano donde no haya internet así podemos evitar enterarnos de que le está yendo bien sin nosotros. ¿Para qué mentirnos?
Un gran aliado que encontramos mientras esperamos el clavo que saque al otro clavo es el odio. Hacemos una lista mental donde incluimos todo lo que nos molestaba y tratamos de pensar solamente en eso. Bloqueamos tan fuerte lo positivo que comenzamos a sentirnos unos imbéciles por haber llegado a estar tan enganchados con una persona así. El odio es un atajo. Y a nosotros nos gustan los atajos. Nos gusta poder evitar cualquier proceso de aprendizaje personal y autodescubrimiento. Somos tan hipócritas que llegamos a pedirle al otro que cambie mientras al mismo tiempo les pedimos que se amolden y nos quieran como somos. Con la excusa de haber sufrido queremos justificar esos comportamientos con los que hacemos sufrir a los demás. Nosotros también estamos detrás del gatillo en cada caso de inseguridad emocional.
Al tratar de hacer foco únicamente en los aspectos negativos de la otra persona comenzamos a descubrir todo lo malo que veníamos ignorando dentro de nosotros. Casi sin querer nos replanteamos qué tan funcionales fuimos a esos defectos que tanto nos molestaban. ¿Acaso los potenciamos sin darnos cuenta? ¿Y si fue nuestra inseguridad la que hizo detonar la suya? Bueno, todavía no estamos capacitados para contestarnos esos interrogantes. Mientras tanto, como dice la canción de Mariana Bianchini: odio no poder odiarte.
Discapacitados emocionales
Escribidor: Zabo
El problema real no es que no haya nadie, el problema es esa sensación de abandono que nos inunda y trata de convencernos de que nunca más va a volver a haber alguien. Asesinaron todo aquello que nosotros conocíamos por rutina, nos arrebataron la cotidianeidad. De un día para el otro tenemos que aceptar que nunca más vamos a volver a putear por la hora que tarda en arreglarse ni a sentir el olor a manzana que dejaba impregnado en nuestra almohada por ese shampoo berreta que usaba. Somos víctimas de la inseguridad emocional. Y alguien tiene que pagar.
Para los discapacitados emocionales, el duelo por la muerte de aquel “nosotros” que alguna vez conformamos con otra persona se basa en dos etapas: la ira y un tocazo de ira. Es inútil intentar sacar de nuestras bocas la frase “espero que seas muy feliz”. Solamente esperamos que se mude a un país muy lejano donde no haya internet así podemos evitar enterarnos de que le está yendo bien sin nosotros. ¿Para qué mentirnos?
Un gran aliado que encontramos mientras esperamos el clavo que saque al otro clavo es el odio. Hacemos una lista mental donde incluimos todo lo que nos molestaba y tratamos de pensar solamente en eso. Bloqueamos tan fuerte lo positivo que comenzamos a sentirnos unos imbéciles por haber llegado a estar tan enganchados con una persona así. El odio es un atajo. Y a nosotros nos gustan los atajos. Nos gusta poder evitar cualquier proceso de aprendizaje personal y autodescubrimiento. Somos tan hipócritas que llegamos a pedirle al otro que cambie mientras al mismo tiempo les pedimos que se amolden y nos quieran como somos. Con la excusa de haber sufrido queremos justificar esos comportamientos con los que hacemos sufrir a los demás. Nosotros también estamos detrás del gatillo en cada caso de inseguridad emocional.
Al tratar de hacer foco únicamente en los aspectos negativos de la otra persona comenzamos a descubrir todo lo malo que veníamos ignorando dentro de nosotros. Casi sin querer nos replanteamos qué tan funcionales fuimos a esos defectos que tanto nos molestaban. ¿Acaso los potenciamos sin darnos cuenta? ¿Y si fue nuestra inseguridad la que hizo detonar la suya? Bueno, todavía no estamos capacitados para contestarnos esos interrogantes. Mientras tanto, como dice la canción de Mariana Bianchini: odio no poder odiarte.
Discapacitados emocionales
Escribidor: Zabo
Odio el verano. Odio el calor insoportable con el que ni podes salir a la calle. Odio estar encerrada en mi casa. Odio levantarme temprano porque estoy toda pegajosa por el calor. Odio no poder disfrutar del hermoso viento frío en mi cara. Odio a todos los giles que aman el verano. Odio en maldito verano.
lunes, 21 de enero de 2013
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